Romualdo de Domingo fue detenido, encarcelado y asesinado en 1936. Era viudo y tenía una niña de ocho años, Alejandra, que, tras la muerte de su padre, quedó huérfana.
Pasaron los años y nunca hubo certezas de dónde podía encontrarse enterrado. A veces aparecían nuevos testimonios y otras veces se perdía la pista, pero su familia nunca dejó de buscarle. Sobre todo su nieta Sol, que es un ejemplo de tesón, de fuerza, de trabajo y de generosidad.
Durante todos estos años Sol ha buscado a Romualdo y ha ayudado a muchas otras familias a recuperar a sus desaparecidos. De momento, no ha encontrado a su abuelo, y sabe que probablemente nunca aparezca, como tantas y tantos otros, pero para rendirle un merecidísimo homenaje, organizó un acto que tuvo lugar el pasado día 4 de junio y que llenó el Centro Cultural de Villamayor de los Montes.
Con la participación de muchos compañeros y amigos se realizó un emotivo repaso a la desgarradora historia de Romualdo y de su hija Alejandra mediante cartas, poemas y canciones.
Para finalizar el acto se inauguró una escultura en memoria del sillero, una silla inacabada, por todas aquellas que no pudo reparar el abuelo de Sol, por todas aquellas que quedaron vacías en los momentos importantes y en el día a día de su hija, sus nietas y todos aquellos que conocieron y quisieron a Romualdo.